ALICIA
Esta es la historia de
Alicia, pero puede ser la historia de una
mujer joven cualquiera, formada, inteligente, capacitada,
independiente y sin trabajo. Alicia tiene novio, lleva con él cierto tiempo, se
sienten bien juntos, se ven, se ríen, se acarician... se quieren.
Todo funciona bien entre
ellos, aunque la falta de trabajo pese a su preparación hace que haya momentos
de incertidumbre al pensar en el futuro. Ambos viven con sus familias, no
pueden independizarse y eso les crea ciertas angustias que juntos van solucionando
a base de pensar en un futuro mejor. ¡Somos jóvenes!, se dicen. Repiten
constantemente, al igual que millones de jóvenes sin expectativas de
futuro, "esto en algún momento tendrá que cambiar". Es el mantra
diario.
Un día cualquiera, todo su
proyecto de vida se viene abajo, se derrumba, se cae como un castillo de naipes
al que se sopla sin querer. Alicia está embarazada. Después de hablar, de
reprocharse, de preguntarse mil veces porque, de maldecir aquel momento, se
abrazan entre lagrimas y juntos deciden que lo mejor es no tener el bebé.
Alicia se quiere morir, su novio se quiere morir. Alicia no habla con sus
padres, no lo entenderían. Él, por las mismas razones, tampoco. No quieren
ayuda económica para criar al bebé. Quieren que les comprendan, que les
entiendan, que piensen en su futuro, en el maldito futuro.
Con la decisión tomada
ambos recurren al médico. Le exponen su decisión, su dolorosa decisión. Pero ya
es tarde, Alicia no puede interrumpir voluntariamente el embarazo. No ha sido
violada y el bebé crece sano en su vientre. No hay posibilidad. Todo
crece al mismo tiempo, el bebé, la angustia y la desesperación. No tienen
dinero para poder ir al extranjero. Deciden, entre desesperación y angustia,
hablar con sus padres, pedirles ayuda económica para poder abortar. Es inútil.
Como ya sabían, no lo entienden. Ha sido un error hablar con ellos se dicen,
mientras tratan de olvidar tanto reproche. "En que estabais pensando, él
tiene la culpa, ella tiene la culpa". Nadie tiene la culpa.
En una búsqueda desesperada
de soluciones una amiga le comenta, le dice, que en cierto sitio, por poco
dinero, se practican abortos. Que conoce amigas a las que las ha ido bien.
Alicia tiene miedo, un terrible miedo. Habla con su novio, el único capaz de
entenderla, de ayudarla y juntos deciden ir. No firman nada, no hablan con
nadie, no dicen su nombre. Todo tiene color, sabor y olor a clandestino. Y
sucede. Algo va mal. Ha pasado demasiado tiempo sin tener noticias de Alicia,
demasiado tiempo. Llega una ambulancia. Llora. Cubre la cara con sus manos en
un gesto de rabia y de dolor, de un dolor y una rabia tan intensos que no le
permiten moverse. Y la ve. Su piel blanca y suave está teñida de rojo de
cintura para abajo. ¿A qué hospital la llevan?, pregunta. Les sigue....
Le ve venir vestido de
verde. Su vida se derrumba, el futuro sin ella no existe.
Solo tres días, tres, han
separado a Alicia y a su novio. Han roto su futuro y sus vidas. Han roto
definitivamente, para siempre, la vida de Alicia. Él no la volverá a acariciar,
no volverá a ver su sonrisa ni a sentir su calor.
Hace tres días, solo tres
días, entro en vigor la nueva ley sobre el aborto del Sr. Gallardón.
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