REUNIONES DE TUPPERWARE
Hace muchos años mi querida madre, para sacar algún
dinerillo más que aportar a la economía familiar, organizaba en casa reuniones
de Tupperware. Llamaba a sus vecinas, alguna estaba estupenda por cierto,
amigas, ofrecía café, algo de bollería y extendía sobre la mesa del comedor
toda una variedad de recipientes de muchas formas y colores que servían para el
almacenamiento de alimentos. A mí me dejaban acudir porque era pequeño,
gracioso decían algunas de las invitadas y no molestaba mucho.
Con lo que mi madre sacaba de esas reuniones y de lo
que cosía, porque era la mejor modista del mundo, además de lo que mi esforzado
y admirado padre traía después de trabajar hasta catorce horas diarias a mí no
me faltaba de nada. A ver, no es que nadáramos en la abundancia, no, pero
vivíamos relativamente bien en comparación con algunas familias de mis
entrañables amigos del barrio. Yo aportaba mi granito de arena cargando, después
del colegio, con un saco lleno de ropa que trasladaba todos los jueves desde un
bar cuyo dueño era amigo de mi padre al taller en el que trabajaba. Así mi
padre, tintorero de profesión, el mejor del mundo sin duda, ganaba algún dinerillo
más aparte de su sueldo.
Cuando me quejaba, porque me quejaba, mi padre me
decía: "el esfuerzo de hoy vale para que mañana puedas estudiar, tener una
carrera y vivir mejor de lo que vivo yo". Acabe la carrera de
"ingeniero", como decía mi padre lleno de orgullo, y el día en que aparecí
por casa con mi título universitario, entre lágrimas de alegría, mi padre y mi
madre me regalaron, no sin un esfuerzo ímprobo, una pluma Sheaffer
para "cuando tuviera que firmar". Como no podía ser de otro modo aún
la conservo.
Por desgracia ni mi padre ni mi madre viven. Murieron
relativamente jóvenes dejando la mayor sensación de vacío que he sentido jamás.
Si ellos levantaran la cabeza y vieran que, aún peleando y luchando tanto como
lo hicieron para que su hijo tuviera una vida mejor de la que tuvieron ellos, no
lo han conseguido, el cabreo que tendrían sería del diez. Y no por culpa de
ellos, ni mucho menos, por culpa de los que nos gobiernan. Mala leche, diría mi
padre, los han votado pues "a joderse tocan". Toca aguantar y pelear
para que esto cambie.
En democracia las cosas cambian en las urnas, no hay
otro modo. Es y debe ser el único modo. Para eso hace falta que los partidos
que están en la oposición, principalmente el PSOE, ejerza de lo que toca, de
oposición. Se deben hacer oír, deben estar en las manifestaciones, encabezándolas,
dejándose ver y sobre todo transmitiendo la sensación de apoyo y ayuda que
tanto se necesita. Pero no lo hacen. Y no lo hacen por miedo a que les echen de
ellas con cajas destempladas. Es lo que hay.
Permítanme que les de un consejo Sres. del PSOE: Si lo
que temen es que les echen, cambien de figura representativa, pongan a alguien
no contaminado, alguien fresco, alguien que no tenga rémoras del pasado, alguien
desvinculado completamente del gobierno anterior. Los hay, Vds. saben que los
hay
Sr. Rubalcaba y Sra. Valenciano, las reuniones
Tupperware son para eso, para vender recipientes de múltiples formas y colores
para almacenar alimentos en el frigorífico y no para explicar a unos cuantos, a
los que no critican, a los que solo aplauden, lo mal que lo hace el Partido
Popular. Los españoles no necesitamos eso, necesitamos verles al frente de los
que están al frente y si los que mandan ahora en el PSOE no pueden hacerlo, que
pase otro que si pueda.
Qué guapa estaba mi madre en las reuniones de
Tupperware.
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